Educar la creatividad vale el esfuerzo

Hace unos veranos atrás me sentía muy intrigada por entender un poco más sobre aquello que todo el mundo llama “creatividad”. Bien sabemos que, cuando algo circula con cierta fluidez en la opinión pública, impacta en nosotros queramos o no. Usualmente entiendo poco de lo que leo “de una vez”, entonces necesito preguntarle a otras voces, a otros textos para que me expliquen. Es un hábito un tanto desgastante pero necesario porque esto de poner en cuestión y contrastar muchas voces sobre el mismo tema demanda trabajo, lleva tiempo. Suelo pensar que esto me ocurre por tener muchos años de universitaria en mi haber, y a su vez tener la responsabilidad de entender un poco más lo que mis alumnos (pequeños en edad y altura) me tratan de enseñar cada vez que los visito en su salón de clase.

Desde que intuí hace muchos años que los chicos tienen un don, actitud, mística, predisposición, magia (o lo que sea…) para crear, me obsesioné por intentar entenderlos. No siempre entendemos a los chicos, a veces los aceptamos y otras tantas los obligamos a adaptarse a lo que consideramos “correcto”. Bueno, hace unos años me di cuenta que para entenderlos necesitaba aprender algunas cosas que me mostraban (que me enseñaban) y después destinar mucho tiempo a pensar. A tomar el hábito de pensar… Lo que no me daba cuenta es que los chicos me estaban enseñando cómo encarar un proceso creativo.

Lo paradójico de esta historia es que lo pretendo entender es cómo hacen para crear, y ellos mismos me estaban enseñando a hacerlo durante el proceso que esa búsqueda demande. Me sentí un tanto extraña cuando me pregunté: “Yo también tuve su edad (y su altura), ¿cuándo fue el momento en que perdí o abandoné su forma de crear?”. Ahí consideré la posibilidad de tomarme vacaciones y replantearme el sentido de la vida (si, así de trágico…)

Como les contaba al principio, y después de tantas vueltas me di cuenta que la clave era entender el concepto de creatividad. Fue así que me dediqué a leer a otras personas que se habían preguntado lo mismo que yo, pero siempre que uno inicia un camino, la exploración es rústica y por ensayo-error. En este post escribí algunas ideas, aunque ahora que lo vuelvo a leer me surge esa ansiedad catastrófica de querer reescribir cada frase de aquel post.

Siempre hay algo, una señal, una pregunta, una idea… algo que dispara el pensamiento. Esta vez me preguntaron por qué considero que es importante incorporar en la currícula educativa elementos que permitan desarrollar la creatividad. A partir de esta cuestión hay mucho por indagar. Por un lado revisar el concepto de creatividad, es importante ponernos de acuerdo y hacer explícito el lugar desde el cual nos paramos para pensar esta pregunta (que parece muy ingenua, pero no creo que lo sea). A partir de allí, deberíamos poder identificar qué aspectos, cuestiones o características de la creatividad podemos enseñar o mejor dicho, generar las condiciones para que puedan desarrollarse.

Personalmente hay preguntas concretas que me movilizan: ¿la creatividad se enseña? ¿realmente se puede enseñar? En tal caso, ¿por qué es valioso enseñarla? ¿aporta algo más que la capacidad de “crear algo nuevo”? ¿cómo se integra con la cantidad de cuestiones que los chicos tienen que aprender en su etapa escolar? ¿el desarrollo de la creatividad es compatible con la escolaridad? Creo que todas estas preguntas, aunque no más simples de responder que la que moviliza este texto, nos permiten acercarnos un poco más a las cuestiones vinculadas con la creatividad que nos resultan relevantes de ser incorporadas en la currícula escolar.

Un buen intento por abordar el concepto de creatividad debe partir asumiendo que para la mayoría de los psicólogos, la creatividad involucra muchos aspectos y dimensiones de la persona que interaccionan y se conjugan entre sí. María Teresa Esquivias Serrano (2004) rastrea algunas de las tantas definiciones del concepto que fueron apareciendo a lo largo de los años y principalmente desde las distintas posturas teóricas. Lo que rescata la autora es que en todas ellas se pueden distinguir los rasgos de “novedad” y “aporte”. Es decir, pareciera que todos entendemos que, al hablar de creatividad, se tiene por supuesto el hecho de que hay “algo” y ésto es nuevo, no antes visto. También pareciera ser que el proceso creativo (aquella sucesión de hechos que concluyen en el producto creativo) es sofisticado e implica una gran complejidad para la mente del ser humano.

Algunas de las definiciones expuestas por Esquivias Serrano (2004) que más me llamaron la atención son las siguientes:

  • May (1959) “El encuentro del hombre intensamente consciente con su mundo”.
  • Fromm (1959) “La creatividad no es una cualidad de la que estén dotados particularmente los artistas y otros individuos, sino una actitud que puede poseer cada persona”.
  • Bruner (1963) “La creatividad es un acto que produce sorpresas al sujeto, en el sentido de que no lo reconoce como producción anterior”.
  • Piaget (1964) “La creatividad constituye la forma final del juego simbólico de los niños, cuando éste es asimilado en su pensamiento”.
  • Sillamy (1973) “La disposición para crear que existe en estado potencial en todo individuo y en todas las edades”.
  • Arieti (1976) “Es uno de los medios principales que tiene el ser humano para ser libre de los grilletes, no sólo de sus respuestas condicionadas, sino también de sus decisiones habituales”.
  • Esquivias (1997) “La creatividad es un proceso mental complejo, el cual supone: actitudes, experiencias, combinatoria, originalidad y juego, para lograr una producción o aportación diferente a lo que ya existía”.

Hace unos días atrás me encontré con otra definición, que subjetivamente implica menos tecnicismos “científicos”, pero me parece “culturalmente” válida porque está basada en la sistematización y reflexión sobre las experiencias del autor que la propone. Facundo Arena afirma que la creatividad es la fuerza natural que hace y trasciende todas las cosas y seres del universo” (2016: 26). Esta perspectiva un tanto sobrenatural se basa en la idea de que la creatividad es algo que sucede, un misterio de universo. Bajo esta definición también se acepta que “algo inteligente está sucediendo” por sobre nosotros y aparentemente tiene su inicio en el Big Bang (que según los científicos todavía está sucediendo).

Lo interesante de mirar todas estas definiciones es que pueden darnos “pistas” para responder algunas de las preguntas iniciales, y de algún modo, pensar si verdaderamente vale la pena esforzarnos (o esforzarme) en enseñar a desarrollar la personalidad creativa en escenarios educativos. Aunque parezca poco audaz de mi parte, no tomaré posición explícita por ninguna de estas definiciones mencionadas porque me parece que no son excluyentes entre sí. Más bien me agrada la idea de tomar lo mejor de cada una de ellas: pensar que la creatividad implica ser consciente del mundo, es una actitud frente a la vida, la forma final del juego simbólico (en los niños), una disposición para crear, un medio para ser libre, un proceso mental complejo, una fuerza inteligente y trascendental. Lo sorprendente es que en todas hay implícita o explícitamente una acción por parte del sujeto.

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A partir de la exploración bibliográfica realizada por Esquivias Serrano (2004), parecería que el desarrollo de la creatividad, o el ejercicio del proceso creativo, o el desarrollo de una personalidad creativa, se vincula con muchos aspectos que favorecen distintas áreas del desarrollo de los chicos. En más, Mauro Rodríguez Estrada indica que la creatividad “aumenta el valor y la consistencia de la personalidad, favorece la autoestima y consolida el interés por la vida y la presencia en el mundo” (2006: 11)

Pensando en las características que presentan las personas creativas, es posible detectar algunos rasgos comunes aunque personalmente no me gusta pensar que un niño o niña “es creativa/o” o “no es creativa/o”, porque como vimos en una de las definiciones, es un potencial que existe en todo individuo. No obstante acepto que hay ciertos rasgos que pueden inducir a pensar que alguien ha desarrollado un cierto y determinado proceso creativo. En este sentido hay estudios que indican que los “niños creativos” suelen tener “sólida imagen de sí mismo, buena memoria inmediata, humor, ansiedad edípica, desarrollo desigual del yo” (Esquivias Serrano, 2004: 12).

Otra cuestión interesante vinculada con la creatividad es preguntarse, en qué medida el producto (aquello que es resultado del proceso creativo) tiene valor como para ser caracterizado como creativo. En este sentido se identifica como aspecto clave la autcrítica y el autocuestionamiento sobre lo creado.

Incluso podemos indagar qué es necesario para “ser creativo”, en cuanto a esto Amabile (1983) reconoce que la creatividad tiene tres componentes: las destrezas relativas al campo en el que se desenvolviera la persona, las destrezas importantes para la creatividad y la motivación intrínseca. En este punto hay algo interesante: un aspecto motivacional, intrínseco al sujeto como sustento fuerte para el proceso creativo.

Rodríguez Estrada (2006) enumera rasgos y actitudes muy ligados con la creatividad, que pueden aportar algunos de las cuestiones que podrían trabajarse en el ámbito escolar para el desarrollo de la creatividad en los niños:

  • el autoconocimiento y la autocrítica
  • la educación de la percepción
  • el hábito de relacionar unas cosas con otras
  • el sentido lúdico de la vida
  • el hábito de sembrar en el inconsciente
  • la constancia, la disciplina, el método, la organización
  • el clima general de buena comunicación (es fundamental para que se eliminen las inhibiciones y para que todos sepan escuchar y a su vez sean escuchados)
  • el estudio de la psicología de la percepción y de la psicología del pensamiento.

Claro está que todos estos puntos, en mayor o menor medida, pueden resultar muy lejanos de la imaginación pedagógica que un docente puede tener. Pero creo que es bueno que los hayan leído, al menos en este texto…

Con todo lo que se viene describiendo sobre el concepto de creatividad vemos que no parece ser algo muy simple de explicar. Desde el momento en que empezamos a hablar de sujeto, mente, procesos cognitivos, motivaciones, todo parece volverse muy exclusivo del ámbito psicológico. Pero creo que si los educadores profundizamos un poco y analizamos situaciones que se dan dentro del aula desde estas teorías, tenemos mucho para aportar a la discusión.

Otra cuestión que emerge de estos párrafos es que la creatividad no es una “cualidad” que se posea o no se posea, más bien es posible desarrollar aspectos que hacen al desarrollo creativo. Entonces hay un gran comienzo para responder a la pregunta inicial: posiblemente la creatividad pueda ser desarrollada en los contextos escolares.

Claro, los maestros queremos trabajar todo y cada una de las cuestiones mencionadas, y posiblemente mucho más; pero a veces nos olvidamos que los chicos son personas y no pueden (o no quieren) saberlo todo. La oración anterior es terrible, pero muy cierta.

Entonces el por qué incorporar el desarrollo de la creatividad en la currícula escolar ha sido expuesto. Pero más que nada creo que lo más importante de su incorporación lo encontré en la idea de Mauro Rodríguez Estrada: “Los niños pueden ser maestros de creatividad. Los adultos tenemos más que aprender de ellos que enseñarles. Así pues, el primer mandamiento es: no inhibir ni atrofiar” (2006: 92). Vamos por ello!

Referencias

Esquivias Serrano, M. (2004) Creatividad: definiciones, antecedentes y aportaciones. Revista Digital Universitaria. 5 (1). Disponible en: http://aspiralto.net/wp-content/uploads/2014/08/1-CREATIVIDAD-DEFINICIONES-ANTECEDENTES-Y-APORTACIONES.pdf

Marina, J. y Marina, E. (2013) El aprendizaje de la creatividad. Editorial Ariel. Buenos Aires.

Rodríguez Estrada, M. (2006) Manual de creatividad: los procesos psíquicos y el desarrollo. México: Trillas.

Sobre estrellas de rock y buenos aprendizajes

Las estrellas de rock se caracterizan por tener gran cantidad de seguidores, su arte logra romper barreras de tiempo y espacio, sus seguidores conocen las canciones, las reproducen. Son personas que, para algunos, representan una inspiración, llegan a dejar marcas en generaciones que van mutando a lo largo del tiempo y en relación con otras tendencias.

Al igual de las experiencias de las estrellas de rock, los aprendizajes pueden tomar algunas características potencialmente valiosas. Es interesante que un estudiante pueda impactar en otras personas mediante lo construido o aprendido. Es deseable que los aprendizajes puedan trascender espacios y tiempos, incluso que los abordajes e indagaciones en el seno de un cuerpo de conocimientos sean un punto de partida para continuar aprendiendo o que otras personas puedan retomar para continuar profundizando. También es relevante que un estudiante tenga la posibilidad de comunicar su trabajo, incluso es deseable que tenga impacto directo en la vida o los intereses de otras personas.

Este panorama parece ilusorio, idealista, exigente… ¿qué pretendemos de los procesos de aprendizaje? ¿cómo concebimos un buen aprendizaje? ¿qué es aprender?. Estas son preguntas tan sustanciosas que no pretendemos encarar con detalle en este texto, no obstante entendemos que las características tomadas como disparadoras de las experiencias de las estrellas de rock son desafiantes en la medida en que nos pueden conducir a pensar en buenos aprendizajes.

El aprendizaje basado en proyectos (o en problemas) puede resultar un enfoque sugestivo para dar respuesta a muchas de estas características que nos inquietan. Tomando como iniciativa escenarios realistas se propone que los estudiantes tengan la posibilidad de definir un problema que motive la construcción de su aprendizaje. ¿Por qué es importante tomar escenarios o situaciones reales? ¿por qué es el estudiante quien tiene que lograr definir el problema a resolver?. Cuando se contextualiza esta metodología en planes de formación de profesionales que pretenden insertarse en el mundo laboral, no se debe descuidar que su campo de acción es dentro de una sociedad que presenta características que le son propias. Así, no tiene sentido considerar que un egresado universitario será capaz de aplicar lo aprendido sin más que un sustento puramente teórico de su conocimiento. También podría llegar a postularse que esta idea es incoherente con el propio hecho de formar un profesional. Claro, deberíamos discutir qué implica formar a una persona para una profesión, pero eso excede el alcance de este análisis.

En esta misma línea, el hecho de poner en situación al estudiante para que defina un problema a abordar resulta fundamental porque implica ejercitar una mirada analítica sobre lo relevante, encontrar el punto en el cual puede realizar un aporte con su trabajo. En este sentido la habilidad de definir un problema requiere un dominio sobre la situación real que ya reviste un cierto grado de construcción que, a su vez, implica desplegar una investigación sobre el recorte de la realidad que atenderá el proyecto.

Esta actitud de indagar está fuertemente vinculada con el desarrollo del pensamiento crítico, una pericia que es necesaria para transformar la realidad a partir de la actividad profesional. Es cierto que preguntar no es una tarea fácil, de hecho en ciertas ocasiones una buena pregunta es más difícil de formular que una respuesta. Consideramos que preguntar requiere desarrollar y ejercitar una mirada clínica, incisiva, no cosmética de los sucesos, esta doble implicación entre investigar y preguntar…

En este contexto de trabajo se requiere un estudiante que tome decisiones, que busque, indague, pregunte, haga y deshaga, compare, investigue, consulte fuentes, refute, proponga, justifique, comunique, (re)piense, no dé nada por sentado… que sea activo, participante predilecto de todo este proceso desafiante que intenta rescatar las características nombradas al principio.

Hasta aquí hemos citado muchas habilidades que, bajo las particularidades de la metodología del aprendizaje basado en proyectos, favorecen esa flexibilidad que nos exige el devenir del contexto social en que se verán inmersos los profesionales y al cual (tienen la obligación moral de) contribuir positivamente. Ahora bien, nos quedan pendientes muchas preguntas que son importantes: ¿cómo trabajar para desarrollar estas habilidades? ¿qué tipo de dinámicas son adecuadas y coherentes con esta metodología?. En este punto debemos mencionar a las dinámicas colaborativas para la construcción de conocimiento y el trabajo en equipo, como aspectos centrales de la metodología que estamos comentando.

@mililanghi: Trabajar juntos puede ser muy poderoso…

Las nuevas tendencias en la que las personas se vinculan, comunican, interaccionan e incluso trabajan nos proveen indicios para afirmar que las dinámicas colaborativas (también aquellas que resultan mediadas por tecnologías) favorecen la construcción de conocimiento común en las redes sociales1. Entonces es doblemente importante, a nuestro entender, proponer a los estudiantes el trabajo bajo estas características pues, por un lado se refleja aquello que encontrarán en su actividad profesional y, por el otro les permitirá adaptarse e innovar impactando más y mejor en sus proyectos en el mundo del trabajo.

Entre todas las habilidades a las cuales hacemos referencia se encuentra la comunicación. El tipo de interacciones que se le plantean a los estudiantes requieren que aprenda a expresarse con claridad utilizando distintos registros y espacios. Esto implica tanto a las primeras instancias de investigación, en la definición de problemas, como también para los momentos de trabajo con otros durante la colaboración, incluso en la exposición del proyecto a personas que no son especialistas en la temática central del proyecto.

Tal vez con esta perspectiva de aprender, que potencia la construcción de conocimientos a partir de problemas reales, logremos un acercamiento valioso a las características del buen aprendizaje que esbozábamos desde nuestra perspectiva, que extraíamos vinculándolo con una estrella de rock. En definitiva… ¿seremos capaces de sentir un buen aprendizaje, cual logro de una estrella de rock?

1Diferenciamos aquí los conceptos de Redes Sociales y Servicios de Redes Sociales.

Hablemos sobre creatividad

Antes de definir creatividad es necesario tener presente que “crear” es un acto que implica “producir intencionalmente novedades valiosas” (Marina y Marina, 2013,p.12). Por esto una producción no representa una creación si prescinde de una cualidad apreciable, algo distinguible. En este sentido creatividad es una capacidad mediante la cual se crea. Para los atores antes mencionados la creatividad es el hábito de crear.
Entender el concepto de creatividad está asociado con la descripción de una personalidad creativa. Marina y Marina (2013) reconocen siete dimensiones principales de la personalidad creadora:
Actividad frente a pasividad: la pasividad no es del todo buena, tiene correlación directa con la depresión. Por tanto es importante explorar posibilidades fuera de la zona de confort para ponernos en situación de acción. La acción, la actividad, la tarea debe ser punto inicial de toda actividad educativa, recreativa, artística e incluso científica.
Expresividad frente a mutismo: “Entendemos por ‘expresar’ el momento generador de ocurrencias conscientes” (Marina y Marina, 2013, p.43). Educar la creatividad necesariamente requiere generar actividades en las cuales la actitud pasiva se vea quebrantada por la situación de expresar (por ejemplo: contar, argumentar, pensar, divertir, explicar,etc.)
Innovación frente a repetición: “La actividad debe favorecer la expresión y ésta debe huir de la rutina cuando sea necesario” (Marina y Marina,2013,p.44). La rutina da seguridad, y es justamente lo que hay que intentar trasgredir, salir de la comodidad, del confort para buscar soluciones nuevas, para crear.
Descubrimiento de posibilidades frente al síndrome de impotencia adquirida: En este punto la realidad que plantee cada actividad debe permitirnos evaluar las propiedades y posibilidades para crear soluciones.
Apertura frente a cerrazón: “Openness to experience”. Interés por ampliar conocimientos, a flexibilizar las posibilidades de exploración. La característica de sorprenderse frente a lo nuevo, de ser curiosos es una cualidad innata en aquellos que tienen desarrollada o ejercitada su capacidad creativa.
Independencia crítica frente a sumisión intelectual: Es necesario reivindicar la capacidad de la crítica, debemos ser capaces de pensar sobre nuestras creaciones, haciendo uso de recursos argumentativos propios que irán incrementándose progresivamente.
Autonomía frente a dependencia:

Ese afán que vemos desarrollarse en el niño, que quiere soltarse de la mano, andar solo, sentirse dueño de sus actos, está en el origen de nuestro deseo de libertad, que aparece como un proyecto de la inteligencia creadora (…) Una cierta valentía es necesaria para la creatividad y para la libertad. (Marina y Marina, 2013,p.49)

Entendiendo que la creatividad es una cualidad de todo talento, y sosteniendo que el talento está después de la educación, se plantea la posibilidad de potenciar los saberes implícitos. Desde los lineamientos teóricos que seguimos una visión tradicional del proceso creativo puede considerarse en los cinco pasos siguientes, que no deben suponerse de manera lineal:

El primero es un período de preparación, de inmersión, consciente o no, en un conjunto de cuestiones problemáticas que son interesantes y suscitan curiosidad. El segundo es un período de incubación, durante el cual las ideas se agitan por debajo del umbral de la conciencia. Durante este tiempo probablemente se realizan las conexiones inusitadas. El tercer componente es la intuición, a veces llamada “el momento ajá”. En la vida real puede haber varias intuiciones entremezcladas con períodos de incubación, evaluación y elaboración. El cuarto componente es la evaluación, cuando la persona debe decidir si la intuición es valiosa y merece la pena dedicarle atención. El quinto y último componente del proceso es la elaboración. Probablemente es el que lleva más tiempo y supone el trabajo más duro. (Marina y Marina, 2013,p.55).

Muchas cuestiones pueden recuperarse para desarrollar la personalidad creativa, pero rescatamos los siguientes puntos que, desde una perspectiva general, brindan un marco metodológico interesante para tal fin:
(a) Incentivar la curiosidad. Todos deseamos aprender, otra cosa es estudiar.
(b) Aceptar siempre las preguntas por muy insólitas que aparezcan.
(c) Entender que las ganas de saber y nuestros intereses son siempre importantes.
(d) Abrir las posibilidades, comentar y ver ejemplos, experiencias, variedad de contenidos, usar las nuevas tecnologías.
(e) Darse una oportunidad para iniciar un proceso de búsqueda, de aprendizaje… proponer temas, habilidades y actitudes. En definitiva, tomar la iniciativa.
(f) Y, sobre todo, expresar siempre lo apasionante que es conocer cosas nuevas, acercarse a países lejanos, a experimentos osados.
(g) Siempre que sea posible, abrirse y entablar contacto con expertos que puedan aportar los conocimientos nuevos, distintos enfoques o posibilidades nuevas que abren la investigación sobre una materia determinada.
Todas las cuestiones expresadas representan acciones concretas que cada persona puede diseñar para desarrollarse creativamente. Es posible ademas extrapolar estas ideas al campo científico: ¿Qué importancia se le otorga durante la formación de jovenes científicos al desarrollo de la capcidad creativa?, ¿es cierto que un músico, un escritor y un matemático comparten razgos de la personaidad creativa?, ¿será el desarrollo de la capacidad creativa la clave para una buena formación en el campo de cualquier disciplina científica?.

Desarrollarse creativamente implica no solo la creación de ideas que tengan una caracteristica novedosa, sino también la particular forma de construirse a uno mismo a partir de un desarrollo creativo. Intuyo que la creatividad es una doble implicación entre el creador y el objeto creado, y esto no tiene que ver con grandes inventos sino tal vez con darnos la posibilidad de pensar de manera diferente.

@MiliLanghi

Referencia Bibliográfica: Marina, J. y Marina, E. (2013) El aprendizaje de la creatividad. Editorial Ariel. Buenos Aires.